16. Las «dietas sin»

Aunque ya lo hayamos adelantado subrepticiamente, ahora tengo una buena noticia y una mala… La mala es que las dietas «sin» no se limitan al gluten, el maíz o la soja (que sí son los malos más habituales), sino que hay otros compuestos naturales mucho menos dados a causar problemas (o que son solo medio malos), pero que también pueden tener su parte de culpa y empeorar la sintomatología de algunos de nosotros. Y me temo que son muchos y muy variados, y no afectan a todos por igual, porque no compartimos las susceptibilidades. Sin embargo, la buena noticia es que, si resulta que es sensible solo a alguno de ellos, lo descubriréis cuando procedáis con la dieta de eliminación (y probablemente podrá volver a comer pasta y pizza de vez en cuando sin mayores consecuencias).

Los dejo recogidos en otra de mis consabidas tablas, que son (creo) más visuales y facilitan localizar posibles sospechosos.

Los incluyo porque ningún manual de terapia nutricional para el autismo puede hacer honor a ese título (por muy «pequeño» que sea) si no los menciona. Pero, en realidad, solo hay que pensar en ellos cuando todo lo demás falla (el sin aditivos, sin gluten, sin azúcar, sin soja, sin maíz, sin caseína, o ya, subiendo peldaños en la escalera proverbial de la nutrición terapéutica, las dietas paleolítica y cetogénica) y los síntomas (en especial, los digestivos, que son los que suelen correlacionar más con mejoras sustanciales en la sintomatología del TEA) persisten.

 El timo del resveratrol[i]

Corría el año 2006 cuando un profesor de Harvard llamado David Sinclair (que quizás habrás visto por ahí pontificando sobre longevidad) fundó Sitris Pharmaceutical, una empresa muy lucrativa que se dedicaba a producir, empaquetar y vender cápsulas de resveratrol. Lo hizo (según afirmó) después de comprobar en «su» laboratorio que «su» fórmula lograba alargar la vida de levaduras, gusanos, moscas y ratones. Y suele vanagloriarse públicamente de que gracias a que él también lo toma, su edad biológica le ha arrebatado una década a la cronológica. El hombre se hizo de oro, muy en especial, cuando apareció GlaxoSmithKline (una compañía farmacéutica) y le compró la fórmula por 720 millones de dólares. Pero ni GSK (ni los demás laboratorios) pudieron replicar los experimentos de Sinclair. Su resveratrol NO alargaba la vida de los ratones, ni de las moscas, ni de los gusanos, ni siquiera de las levaduras… cuando no era él quien se lo daba. GSK no pudo recuperar su dinero porque no fue capaz de probar que la venta había sido fraudulenta, sino solo que la fórmula no funcionaba. Parece ser que el astuto profesor se escudó en que sus experimentos podían estar mal diseñados, pero su alegada «incompetencia» no pudo evidenciar un fraude intencionado. El Dr. Jeffrey Flier, antiguo decano y aún profesor de la Harvard Medical School, se refirió a él como a un «vendedor de aceite de serpiente».

¿Y por qué recomendamos tanto —quizás no ese resveratrol del vino tinto, al menos yo— sino los mil y un colores de las frutas y verduras si pueden sentar mal? Pues por algo llamado hormesis, el concepto según el cual una pequeña dosis de estrés puede ser beneficiosa para el organismo (algo así como el mítico «lo que no te mata te hace más fuerte» de Nietzsche). Los fitoquímicos de las plantas, en realidad, sí generan cierto estrés en el cuerpo, lo que, en la mayoría de nosotros (al menos, quienes nos resistimos a renunciar al dulce sabor de las fresas o el intenso amargor del café y del cacao), en teoría, «despiertan» a nuestras mitocondrias, lo que promoverá que a la larga todo funcione mejor. Pero sabemos que hay almas (y bastantes niños con TEA) que no toleran bien estos factores estresantes. Los salicilatos, por ejemplo, pueden sobrecargar el organismo de algunos niños y traducirse en fatiga, ansiedad, irritabilidad, hiperactividad y conductas agresivas, a menudo acompañadas de rubor y orejas coloradas.

Distintas dietas ayudan a apaciguar distintos síntomas porque pueden reducir la inflamación, calmar la activación inmune, mejorar la digestión y la absorción de micronutrientes (lo que además corrige posibles déficits nutricionales, muy habituales en TEA) y estabilizar el azúcar en sangre (cuyos altibajos nos sumen en un estado de ansiedad e irritabilidad cíclicos), así como detener la entrada indiscriminada de lipopolisacáridos a través de un intestino hiperpermeable y nutrir a la microbiota.

De ahí la necesidad de empezar a ver la terapia nutricional para el autismo como la herramienta útil que es. La nutrición puede mejorar no solo la digestión, sino también el estado de ánimo y el nivel de ansiedad, la atención, la función cognitiva, el lenguaje, el sueño y la interacción social. Por eso debes darle una oportunidad, porque no tenéis nada que perder.

Encuentra el gluten oculto[1]

Ya sabes que el gluten es una proteína presente en el trigo, la cebada, el centeno y el triticale —lo encontramos en el pan y demás productos de panadería, la pasta, la cerveza y cualquier tipo de masa: galletas, bollería, tartas dulces y saladas, empanadas, cuscús, tabulé de bulgur, sémola, seitán y alimentos rebozados o empanados con pan rallado, así como en guisos y platos elaborados con harina de trigo (gachas, croquetas, crepes o salsa bechamel). Y se puede hallar en la salsa de soja, la salsa barbacoa y muchos aderezos para ensaladas.

El gluten también se oculta en las listas de ingredientes como:

malta, aroma de malta, jarabe de malta, extracto de malta y vinagre de malta; almidones modificados E-14XX —E-1404 (oxidado), E-1410 (fosfato de monoalmidón), E-1412 (fosfato dialmidón), E-1413 (fosfato fosfatado de almidón), E-1414 (fosfato acetilado de almidón), E-1420 (acetilado), E-1422 (adipato acetilado de dialmidón), E-1440 (hidroxipropil almidón), E-1442 (fosfato de hidroxipropil dialmidón), E-1450 (octenil succinato de almidón); excipientes y aromatizantes; proteína vegetal/hidrolizada, habitual en caldos y embutidos; dextrinas, especialmente si proceden del trigo o levadura de cerveza.

Lee las advertencias del fabricante si el producto no lleva la etiqueta «sin gluten» y revisa la lista de ingredientes cuando compres alimentos ultraprocesados.


[1] Cortesía de Celiac Disease Foundation

[i] Jennifer Couzin-Frankel, Aging Genes: The Sirtuin Story Unravels. Science 334,1194-1198(2011). DOI:10.1126/science.334.6060.1194

Sobre la autora

Inés

Inés es nutricionista y psicóloga, además de diplomada en terapia nutricional. Tiene un máster en oncología y otro en terapia asistida con animales. También es una apasionada del poder de la nutrición como herramienta terapéutica. Descubre más aquí.

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