A menudo creemos que los síntomas que puede desencadenar el trigo (que, por cierto, son bastante comunes, aunque no medie ningún diagnóstico de celiaquía) se limitan al sistema digestivo (hinchazón, dolor abdominal y una relación poco amigable con el inodoro, tanto por exceso como por defecto). Sin embargo, las dietas exentas de gluten de trigo (y, según cuán sensibles seamos, de algunas de sus proteínas análogas en otros cereales), mejoran significativamente (y en apenas unos días) problemas cutáneos como la psoriasis, la urticaria o los eczemas. Y aunque suene a loca exageración (en especial, entre los fieles acólitos de la Dieta Mediterránea, que no imaginamos ni una sola comida sin ese «pan nuestro de cada día»), el consumo de trigo se ha venido asociando con un empeoramiento sustancial de una miríada de condiciones, desde la esquizofrenia, el insomnio, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, la diabetes, la ansiedad, las jaquecas crónicas y migrañas, la depresión, la epilepsia, los problemas de memoria y las deficiencias cognitivas previas al alzhéimer, hasta el propio autismo. No exagero, no… ojalá.[i]
Imagina el poder descomunal que ostenta este cereal (que tanto amamos) sobre el funcionamiento de nuestro cerebro… que es capaz de provocar brotes psicóticos. Sí, la palabra es «provocar», como ocurre en la prístina «psicosis del gluten». Y esta tampoco es una idea inédita, en absoluto.[ii]
La psicosis del gluten[iii]
Una chicuela italiana (a la que llamaremos Fiorella) contaba apenas 14 años cuando protagonizó un artículo que se publicaría en la prestigiosa Nutrients y se sumaría a una larga retahíla de casos clínicos en los que síntomas psicóticos graves desaparecían simplemente… eliminando el trigo de la dieta. Su penosa andadura había comenzado dos años antes, cuando los constantes dolores de cabeza, el insomnio, el malestar, la ansiedad y la dificultad para concentrarse la sumieron en una apatía irritable bañada en llantos. Tras su diagnóstico de trastorno somático de conversión (que es un apodo biensonante para la antigua histeria, o la presencia de síntomas mentales sin que nadie encuentre una causa física o somática que pueda explicarlos), a los doce años se le prescribió una benzodiacepina, un potente ansiolítico. Un mes después, empeoró y empezó a tener alucinaciones que no distinguía de la realidad. Oía discusiones que no existían y veía personas que salían de la televisión para perseguirla y hacerle daño.
Estaba perdiendo peso y sufría síntomas gastrointestinales muy severos, como la hinchazón abdominal, un mal aliento que no lograban apaciguar y un estreñimiento grave y pertinaz… pero las exploraciones físicas y neurológicas no mostraban por qué.
Tras el primer brote psicótico, Fiorella fue ingresada en una clínica psiquiátrica, donde aquel primer diagnóstico pronto mutaría en otro de esquizofrenia paranoide. La pobre preadolescente italiana vivió un auténtico infierno durante el año siguiente. Sufría brotes psicóticos reiterados con los subsiguientes ingresos en la clínica (a pesar de que al primer fármaco ansiolítico pronto se le unieron los antipsicóticos). Afortunadamente, gracias a su inexorable pérdida de peso, sus padres decidieron consultar a un nutricionista, quien, con el noble propósito de calmar las molestias gastrointestinales… le pautó una dieta sin gluten. Apenas unos días más tarde, tanto los síntomas digestivos como psiquiátricos habían desaparecido. Según refirió su madre: «por fin volvía a ser ella». Y siguió siendo ella hasta que, meses después (y a pesar de su esfuerzo por evitar el trigo a toda costa, lo cual no resulta nada fácil viviendo en Italia), comió un poquito inadvertidamente… y, en apenas cuatro horas, tanto sus síntomas psiquiátricos como digestivos reaparecieron. Y volvieron a desvanecerse tras unos días de estricta dieta sin trigo.
En 2015, cuando salió el artículo que bautizaría su particular cuadro, la prístina «psicosis del gluten», Fiorella llevaba ya casi un año libre de síntomas, de fármacos… y de trigo.
Hace más de cuarenta años se comprobó empíricamente que el trigo empeoraba la sintomatología de la esquizofrenia, y ya treinta que se lanzó al aire la teoría de que la susceptibilidad al gluten como responsable de desencadenar patologías (más allá de la celiaquía), incluidas las demás enfermedades autoinmunes (como la tiroiditis de Hashimoto que, por cierto, sufría la madre de Fiorella) y las psicosis del gluten —igual que el color de ojos— se hereda. De hecho, también se ha asociado la autoinmunidad familiar a la incidencia de TEA[iv].
Esta información de trascendencia crucial, me temo, no se ha expandido como se merecía durante las últimas décadas (lo que me entristece profundamente, porque quién sabe cuánta angustia y dolor, ingresos psiquiátricos o incluso diagnósticos de esquizofrenia nos habríamos ahorrado), pero las tornas también están cambiando. Aunque todavía consideremos al trigo como un nutritivo e inofensivo básico de nuestra alimentación que no puede faltar en ninguna mesa «normal», ya ostenta el título oficial de «agente de la enfermedad mental» y su eliminación terapéutica de la dieta se emplea (y con gran éxito) como tratamiento para mejorar (o recuperar) la salud mental en el mundo de la psicología, la psiquiatría y la nutrición clínicas.[v]
No está muy claro aún si la toxicidad encubierta del trigo se debe a que lo bañan en agroquímicos, a que el que comemos hoy ya no se parece en nada al humilde cereal que crecía silvestre hace miles de años o, quizás, a que la especie humana no evolucionó para lidiar con él en las descomunales dosis que nos insuflamos ahora… pero lo que sí sabemos es que es un enemigo declarado de la paz y la integridad de nuestro cerebro (que, por fortuna, no nos afecta a todos).
INTESTINO HIPERPERMEABLE
Un mecanismo por el que el trigo pondría en jaque el cerebro parece ser la llamada permeabilidad intestinal, ya asociada con (y probable causante de) una lista interminable de enfermedades autoinmunes, que cursan con fatiga, decaimiento y, sí, también depresión clínica. Imagina qué alegría devolverle la sonrisa a alguien que lleva años sintiéndose miserable cambiando ese pan por unas nueces…[vi]
El epitelio intestinal no solo hace las veces de muralla fronteriza entre «nosotros» y los microorganismos que conforman la célebre microbiota, también impide que aquellas sustancias resultado de la digestión que no necesitamos «se cuelen» dentro nuestro, permitiendo que sigan su curso felizmente. Esta muralla tiene unas puertecitas que se abren y se cierran en situaciones específicas para dejar entrar nutrientes o para expulsar desechos y tóxicos. La encargada de abrirlas es una molécula (descubierta por el equipo de investigadores del Dr. Alessio Fasano[1]) llamada zonulina.[vii]
Se ha documentado que algunas sustancias (como el gluten) promueven la liberación indiscriminada de esta molécula, lo que a su vez resulta en «aperturas no autorizadas» de las puertecitas de la muralla, que dejan las fronteras abiertas y comprometen la defensa de nuestro sistema. Y todo aquello que «se cuele» dentro (a menudo despojos de bacterias con una gran capacidad séptica, llamados lipopolisacáridos) tiene el potencial de sembrar el caos en nuestro sistema inmune, que de repente se ve abrumado por un montón de enemigos a los que debe hacer frente (y que no estarían «dentro nuestro» si no hubiéramos elegido consumir gluten).
Esta desafortunada apertura no autorizada permite, además, que proteínas sin digerir se cuelen en el torrente sanguíneo, lo que, a su vez, promueve que el sistema inmune cree anticuerpos para luchar contra ellas. Y algunos (como los antigliadina, un trocito de gluten), atacan no solo a su molécula diana (la gliadina, el enemigo en cuestión), sino también a nuestras propias células (los inocentes transeúntes que tienen la mala suerte de parecerse a los malos), por el desafortunado mimetismo molecular (sí, por la mera semejanza entre moléculas). De hecho, se postula incluso que son los autoanticuerpos que blandimos contra la gliadina del trigo los que disparan «fuego amigo» y acaban por destruir las células de la tiroides, lo que a su vez desencadena la tiroiditis autoinmune de Hashimoto, causa de fatiga y depresión.[viii]
Y el daño no se queda ahí, porque esos despojos bacterianos son capaces de colarse a través de la barrera hematoencefálica y activar la microglía (las células inmunitarias del cerebro, aquellas que se dedicaban a la limpieza y mantenimiento hasta que detectaban un peligro, se ponían el uniforme de soldado y se lanzaban a la batalla, inflamando el tejido cerebral)[ix]. Aún no tenemos manera de cuantificar cuánto incrementa este proceso la carga inflamatoria o de estrés oxidativo global, pero sabemos que el TEA se asocia con una mayor permeabilidad intestinal que sí podemos aliviar solo con la dieta.
Katherine Reid y el glutamato[x]
El glutamato es un neurotransmisor excitador (sería como el pedal del acelerador del sistema nervioso) que participa en procesos como la memoria, el aprendizaje o la plasticidad. En su justa medida es rotundamente esencial, pero en exceso es neurotóxico y puede destruir neuronas por sobreexcitación reiterada. Se ha observado esta excitotoxicidad en cuadros como el párkinson, la ELA y el alzhéimer (de ahí que algunos fármacos sintomáticos se destinen a reducir su actividad). También es uno de los sospechosos habituales en la terapia nutricional para el autismo (y por eso se aconseja evitar el GMS o glutamato monosódico —un aditivo muy común que causa el «síndrome del restaurante chino», con dolores de cabeza, náuseas y hormigueos), en especial, desde que la hija pequeña de Katherine Reid (una doctora en bioquímica con formación en biología molecular y una madre desesperada) perdió su diagnóstico de autismo… tras empezar una dieta baja en glutamato. La niña redujo casi inmediatamente tanto las conductas repetitivas como las crisis convulsivas que la invadían a todas horas, y fue mejorando el contacto visual y la comunicación verbal, hasta que normalizó la interacción social y pudo volver a un colegio ordinario.
Esta intervención tampoco reparte milagros para todos, no, pero no hace ningún daño comprobarlo. El resultado, como siempre, dependerá de qué condiciones subyagan a vuestro caso particular —el TEA es tremendamente heterogéneo con infinidad de posibles factores causales genéticos, metabólicos y ambientales. Y la sensibilidad al glutamato no es universal.
[1] El Dr. Fasano es un gastroenterólogo de fama mundial. Su (ya célebre) mantra es The Gut is Not like Las Vegas: What Happens in the Gut Does Not Stay in the Gut o «El intestino no es como Las Vegas: lo que pasa en el intestino no se queda en el intestino». Y si hay alguien que lo sabe bien, es él. También es el autor de esta guía clínica sobre los trastornos asociados con el gluten (que recomiendo).
Fasano, A. (2014). Guía clínica para los trastornos asociados con el gluten.
[i] D’Eufemia, P., Celli, M., Finocchiaro, R., Pacifico, L., Viozzi, L., Zaccagnini, M., Cardi, E. and Giardini, O. (1996), Abnormal intestinal permeability in children with autism. Acta Paediatrica, 85: 1076-1079. https://doi.org/10.1111/j.1651-2227.1996.tb14220.x
Dupont C, Heyman M: Food protein-induced enterocolitis syndrome: laboratory perspectives. J Pediatr Gastroenterol Nutr 2000, 30(Suppl):S50–S57.
Heyman M: Gut barrier dysfunction in food allergy. Eur J Gastroenterol Hepatol 2005, 17:1279–1285.
Ventura MT, Polimeno L, Amoruso AC, et al.: Intestinal permeability in patients with adverse reactions to food. Dig Liver Dis 2006, 38:732–736.
Davis, W. (2019). Adicto al pan: Descubre los secretos más oscuros del trigo.
Perlmutter, D., & Loberg, K. (2020). Cerebro de pan: La devastadora verdad sobre los efectos del trigo, el azúcar y los carbohidratos en el cerebro.
Braly, J., & Hoggan, R. (2002). Dangerous Grains: The Devastating Truth About Wheat and Gluten, and How to Restore Your Health.
[ii] Deans, E. (2011). Wheat and Schizophrenia | Psychology Today. https://www.psychologytoday.com/us/blog/evolutionary-psychiatry/201103/wheat-and-schizophrenia
Dohan, F. C. (1980). Hypothesis: Genes and neuroactive peptides from food as cause of schizophrenia. Advances in Biochem. Psychopharmacology, 22, 535-548.
Dohan, F. C. (1988). Genetic Hypothesis of Idiopathic Schizophrenia: Its Exorphin Connection. Schizophrenia Bulletin, 14(4), 489–494. https://doi.org/10.1093/schbul/14.4.489
[iii] Lionetti, E., … & Catassi, C. (2015). Gluten Psychosis: Confirmation of a New Clinical Entity. Nutrients, 7(7), 5532-5539. https://doi.org/10.3390/nu7075235
[iv] Atladóttir, H.Ó.; Pedersen, M.G.; Thorsen, P.; Mortensen, P.B.; Deleuran, B.; Eaton, W.W.; Parner, E.T.; Sutton, R.M.; Niles, D.; Nysaether, J.; et al. Association of family history of autoimmune diseases and autism spectrum disorders. Pediatrics 2009, 124, 687–694.
[v] Bressan, P., & Kramer, P. (2016). Bread and Other Edible Agents of Mental Disease. Frontiers in Human Neuroscience, 10, 130. https://doi.org/10.3389/fnhum.2016.00130
Fasano, A. (2012). Leaky gut and autoimmune diseases. Clinical Reviews in Allergy & Immunology, 42(1), 71-78. https://doi.org/10.1007/s12016-011-8291-x
[vi] Bischoff, S. C., Barbara, G., Buurman, W., Ockhuizen, T., … & Wells, J. M. (2014). Intestinal permeability – a new target for disease prevention and therapy. BMC Gastroenterology, 14, 189. https://doi.org/10.1186/s12876-014-0189-7
[vii] Fasano, A. (2012). Zonulin, regulation of tight junctions, and autoimmune diseases. Annals of the New York Academy of Sciences, 1258(1), 25-33. https://doi.org/10.1111/j.1749-6632.2012.06538.x
Fasano, A. (2014). Guía clínica para los trastornos asociados con el gluten.
[viii] Akçay, M. N., & Akçay, G. (2003). The presence of the antigliadin antibodies in autoimmune thyroid diseases. Hepato-Gastroenterology, 50 Suppl 2, cclxxix-cclxxx.
Tucková, L., Tlaskalová-Hogenová, H., Farré, M. A., Karská, K., Rossmann, P., Kolínská, J., & Kocna, P. (1995). Molecular mimicry as a possible cause of autoimmune reactions in celiac disease? Antibodies to gliadin cross-react with epitopes on enterocytes. Clinical Immunology and Immunopathology, 74(2), 170-176.
[ix] Philip A, White ND. Gluten, Inflammation, and Neurodegeneration. Am J Lifestyle Med. 2022 Jan 11;16(1):32-35. doi: 10.1177/15598276211049345. PMID: 35185424; PMCID: PMC8848113.
Mohan M, Okeoma CM, Sestak K. Dietary Gluten and Neurodegeneration: A Case for Preclinical Studies. Int J Mol Sci. 2020 Jul 29;21(15):5407. doi: 10.3390/ijms21155407. PMID: 32751379; PMCID: PMC7432597.
[x] Reid, K., Price, B. (2023). Fat, Stressed, and Sick: MSG, Processed Food, and America’s Health Crisis.
Food for the Brain Foundation. (2024). Can Autism be reversed? A Published Case Study.

