Va por delante que los ensayos de terapia nutricional para el TEA (con resultados prometedores) que eliminaban la caseína de la leche, también hacían lo propio con el gluten o la soja. Aunque sí es cierto que existen mecanismos fisiológicos por los que el consumo de lácteos podría influir (para mal) en la sintomatología —dos de ellos, compartidos con el gluten— la solución al enigma de si merece la pena que se renuncie a ese vaso de leche o ese yogur, no la encontraremos en los ensayos que estudian a un montón de niños y emiten sus conclusiones generales, sino en la más pura experimentación particular.[i]
Más allá de las alergias, intolerancias o respuestas digestivas poco halagüeñas a los lácteos que podamos sufrir, cabe tener en mente un par de efectos velados. Por un lado, la caseína se degrada en unos péptidos con actividad similar a los opioides (las caseomorfinas) —igual que el gluten en gluteomorfinas—capaces de activar los receptores de opiáceos del cerebro y de promover que (todos nosotros, no solo los niños con TEA) desarrollemos una adicción blanda al pan, la pasta, la pizza, la leche chocolateada o el queso que dificulta mucho dejarlos (y que nos sume en un ligero síndrome de abstinencia cuando lo conseguimos). Además, la caseína (especialmente la de leche de vaca) tiene la capacidad de provocar reactividad cruzada con el gluten, arengando (incluso en ausencia del mismo) la liberación de zonulina —aquella molécula que impulsaba la hiperpermeabilidad en el epitelio intestinal.
Aclarado esto, los lácteos no son un problema para todos, en absoluto, pero sí habrá quien se beneficie de renunciar a ellos.
La leche de camella[ii]
Jonah, el hijo de Christina Adams, recibió su diagnóstico de autismo cuando contaba tres años. Y a los siete, después de incontables tratamientos poco fructíferos, el destino quiso que ambos conocieran a un camello en una feria de libros infantiles en el condado de Orange, California. Pero no estaba allí para que los niños lo montasen, sino como reclamo de un señor que vendía lociones y jabones elaborados con leche de camella. Queriendo aprovechar su interés, el dueño le contó que la leche de camella es hipoalergénica y que se usa en Oriente Medio desde tiempos inmemoriales para calmar las digestiones y alergias alimentarias y alimentar a los bebés prematuros. Christina pensó que quizás había encontrado un sustituto para la leche de vaca, que le sentaba horriblemente mal a Jonah. Cuando comía un poco de queso, aleteaba con las manos y caminaba en círculos. Y los apaños vegetales de arroz, frutos secos o soja, intensificaban su reacción alérgica. El libro «La locura de la camella» narra su aventura en busca de esa leche en Estados Unidos (ya es mucho más sencillo encontrarla, pero, hace veinte años, no) y el efecto que tuvo sobre la salud y la conducta de su hijo. Se volvió tranquilo, curioso y afectuoso. Su lenguaje mejoró. Mantenía la cabeza erguida en lugar de dejarla caer o moverla de un lado para otro. Empezó a vestirse solo y a establecer contacto visual. Incluso se ponía los zapatos y la mochila, y se mostraba más tranquilo en el coche de camino a la escuela. La leche de camella diaria también revirtió la irritación cutánea y calmó la agitación, la falta de concentración, la hiperactividad y el dolor de estómago. Christina aún no lo sabía, pero en Israel ya se estaba estudiando como terapia para suavizar los síntomas del autismo, gracias a su poder para sosegar las alergias.
Los niños con anticuerpos contra el receptor de folato no deben consumir leche ni productos lácteos. La presencia y la sensibilidad a estos anticuerpos FRAAs (muy comunes en TEA) han aparecido en varios estudios relacionados con el déficit cerebral de folato, el autismo de bajo funcionamiento y los defectos del tubo neural, incluso cuando los niveles de folato en sangre parecen totalmente normales[iii]. Estos auto-anticuerpos impiden el paso del folato (la forma biodisponible de la vitamina B9) hacia el cerebro, sumiéndolo en un déficit que le impide funcionar. Cuando se detecta, sí responde muy bien al ácido folínico (que no fólico), porque puede acceder al tejido cerebral a través de otros receptores y ejercer de folato. Y los lácteos (no sabemos los de camella, pero sí los de vaca, oveja y cabra) contienen unas proteínas que se unen al folato muy parecidas al receptor de folato humano. Sí, de nuevo por mimetismo molecular (igual que los anticuerpos contra los pedacitos de gluten podían atacar a la tiroides), en personas sensibles, las proteínas de la leche pueden inducir al sistema inmune a producir anticuerpos contra los receptores de folato.
[i] Keller A, Rimestad ML, Friis Rohde J, Holm Petersen B, Bruun Korfitsen C, Tarp S, Briciet Lauritsen M, Händel MN. The Effect of a Combined Gluten- and Casein-Free Diet on Children and Adolescents with Autism Spectrum Disorders: A Systematic Review and Meta-Analysis. Nutrients. 2021 Jan 30;13(2):470. doi: 10.3390/nu13020470
[ii] Shabo,, Yosef and Yagil,, Reuven. (2005). Etiology of autism and camel milk as therapy. International Journal on Disability and Human Development, vol. 4, no. 2, pp. 67-70. https://doi.org/10.1515/IJDHD.2005.4.2.67
Shabo Y, Barzel R, Margoulis M, Yagil R. Camel milk for food allergies in children. Isr Med Assoc J. 2005 Dec;7(12):796-8. PMID: 16382703.
Adams CM. Patient report: autism spectrum disorder treated with camel milk. Glob Adv Health Med. 2013 Nov;2(6):78-80. doi: 10.7453/gahmj.2013.094. PMID: 24349886; PMCID: PMC3865381.
Al-Ayadhi LY, Elamin NE. Camel Milk as a Potential Therapy as an Antioxidant in Autism Spectrum Disorder (ASD). Evid Based Complement Alternat Med. 2013;2013:602834. doi: 10.1155/2013/602834. Epub 2013 Aug 29. PMID: 24069051; PMCID: PMC3773435.
Adams C. (2019). Camel crazy: A quest for miracles in the Mysterious world of Camels.
[iii] Frye RE, Delhey L, Slattery J, Tippett M, Wynne R, Rose S, Kahler SG, Bennuri SC, Melnyk S, Sequeira JM, Quadros E. (2016). Blocking and Binding Folate Receptor Alpha Autoantibodies Identify Novel Autism Spectrum Disorder Subgroups. Front Neurosci. 10:80. doi: 10.3389/fnins.2016.00080
Ramaekers V., Rothenberg S., M.D., Sequeira J, Opladen T., Blau N., Quadros E., Selhub J. (2005). Autoantibodies to Folate Receptors in the Cerebral Folate Deficiency Syndrome. N Engl J Med 2005;352:1985-1991;DOI: 10.1056/NEJMoa043160
Bobrowski-Khoury N, Ramaekers VT, Sequeira JM, Quadros EV. Folate Receptor Alpha Autoantibodies in Autism Spectrum Disorders: Diagnosis, Treatment and Prevention. J Pers Med. 2021 Jul 24;11(8):710. doi: 10.3390/jpm11080710.
Ramaekers, V.T., Sequeira, J.M., Blau, N. and Quadros, E.V. (2008). A milk-free diet downregulates folate receptor autoimmunity in cerebral folate deficiency syndrome. Developmental Medicine & Child Neurology, 50: 346-352. https://doi.org/10.1111/j.1469-8749.2008.02053.x

